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Bolsas de tela: cómo elegir la que vas a usar de verdad

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Una bolsa de plástico tarda 500 años en desaparecer. Y no solo eso: la cantidad de energía que hace falta para fabricar una bolsa que vas a usar durante once minutos es sencillamente absurda.

Ese dato lo escribimos por primera vez en este blog en mayo de 2010. Han pasado dieciséis años, la ley ha cambiado, los supermercados cobran las bolsas y ya nadie se sorprende al ver a alguien con una tote bag colgada del hombro. Pero la pregunta sigue siendo la misma: ¿cuál compro, y cómo consigo acordarme de llevarla?

Cómo empezó esto: «I’m not a plastic bag»

Cuando abrimos la tienda, una de las primeras cosas que trajimos fueron las bolsas Envirosax. Costaban 7,50 €, se plegaban hasta ocupar nada y venían en un montón de estampados: las colecciones Bloom, Nomad, Optimistic…

Eran los años en los que esto todavía había que explicarlo. Nos parecía importante y le dimos caña: nuevas colecciones cada temporada, botellas de agua a juego para sustituir a las de plástico, e incluso un vestido que el diseñador australiano Amit Ayalon confeccionó cosiendo bolsas Envirosax entre sí. Impracticable, pero espectacular.

También descubrimos que Sarah Jessica Parker llevaba una. Reconocimos entonces que ese modelo concreto no nos gustaba nada, y lo seguimos manteniendo. Pero se vendió igual, claro.

Aquellas Envirosax ya no están en catálogo: las liquidamos hace años. Lo que sí quedó fue la costumbre.

Lo que aprendimos vendiendo bolsas de tela durante quince años

La que usas es la que llevas encima. Es la única regla que importa. Una bolsa preciosa que se queda en el perchero de casa no sirve para nada. Por eso lo primero que miramos siempre es si se pliega pequeña: si te cabe en el bolso, la vas a usar.

El estampado no es una frivolidad. Suena tonto, pero la gente saca más la bolsa que le gusta. Si te da gusto llevarla, te acuerdas de cogerla.

Aguantan mucho más de lo que crees. Una bolsa de tela decente soporta la compra semanal durante años. Amortizar el precio de una tote frente a las bolsas del súper es cuestión de un par de meses.

Funcionan como detalle. Esto lo aprendimos de una clienta que se casaba y decidió regalar bolsas a sus invitadas en lugar del típico detalle que acaba en un cajón. Nos pareció una idea buenísima y desde entonces la hemos visto repetida muchas veces.

Cómo elegir una bolsa de tela que uses de verdad

  • Que se pliegue. Si abulta como un jersey, se queda en casa. Sin excepción.
  • Mira el asa, no la bolsa. Es donde revientan siempre. Costuras reforzadas en la unión con el cuerpo, y del largo que necesites: al hombro o a la mano no son lo mismo.
  • El tamaño según el uso. Para la compra, cuanto más grande y con base ancha mejor, que se aguante de pie. Para el día a día, una que no te arrastre por el suelo.
  • Que se pueda lavar. Vas a meter fruta, arena de playa y alguna vez algo que gotea. Si no va a la lavadora, dura menos.
  • Ten más de una. Una en el coche, otra en el bolso, otra colgada en la puerta. La logística es la mitad del problema.

Para qué las usamos nosotras

Para la compra, evidentemente. Pero también para la playa, que aguantan la toalla, el libro y el táper sin quejarse. Para festivales y conciertos, donde no quieres cargar con un bolso bueno. Para llevar el portátil a una cafetería. Y como regalo pequeño: es de esas cosas que no fallan, porque todo el mundo le acaba dando uso.

Nuestras tote bags de ahora

Las Envirosax se fueron, pero la sección no. Hoy nuestras bolsas de tela van menos de estampados botánicos y más de frases: es lo que mejor nos representa. Las hay para ir a trabajar, para festivales, para regalar a quien necesita que le digan algo sin decírselo, y hasta una en blanco para que la pintes tú.

Y si buscas algo para la playa en concreto, la bolsa de playa con estampado de citas de verano es la que más sale de junio a septiembre.

Dieciséis años después seguimos pensando lo mismo que en 2010: la bolsa de plástico sigue tardando 500 años en desaparecer, y la tuya de tela sigue cabiendo doblada en el bolso.

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